Conviene ir a terapia sexual cuando una dificultad se repite en el tiempo y te genera malestar, miedo a fallar o evitación de la intimidad, o cuando las diferencias de deseo se volvieron motivo de conflicto. No hace falta tener pareja ni esperar a que sea algo grave.
No hay un momento único, pero hay señales que se repiten en quienes consultan. Reconocerlas a tiempo ayuda a que la dificultad no se instale y se llene de miedo y de evitación.
Señales de que puede ser momento
- La dificultad se repite en el tiempo y ya no es algo ocasional.
- Evitas la intimidad por miedo a fallar, a sentir dolor o a decepcionar.
- Sientes ansiedad antes o durante el sexo, y estás pendiente de cómo "rindes".
- Hay dolor o imposibilidad de penetración.
- Las diferencias de deseo con tu pareja se volvieron motivo de conflicto o de distancia.
- Un cambio importante (un parto, una enfermedad, una ruptura, un periodo de estrés) alteró tu vida sexual y no se recupera.
- Sientes culpa o vergüenza que te impide disfrutar.
No hace falta tener pareja
La terapia sexual también se hace de forma individual. Si quieres entender cómo funciona sin pareja, lee terapia sexual sin pareja.
Cuándo sumar una evaluación médica
Si hay dolor, cambios bruscos o dificultades persistentes, conviene una evaluación médica además de la terapia. Se explica en si tu problema es físico o psicológico.
Para ver cómo se trabaja, revisa terapia sexual o qué es la terapia sexual y para qué sirve.