Las enfermedades crónicas pueden modificar la vida sexual, pero con adaptaciones y apoyo adecuado es posible mantener una intimidad satisfactoria.
Las enfermedades crónicas —como la artritis, la esclerosis múltiple, el lupus, la endometriosis, el cáncer o la fibromialgia— pueden afectar la sexualidad de múltiples formas: dolor, fatiga, cambios corporales, efectos de medicamentos, impacto en la imagen corporal y en la autoestima. Sin embargo, tener una enfermedad crónica no significa renunciar a la vida sexual.
Muchas veces el desafío es práctico: encontrar posiciones que no duelan, elegir momentos del día con más energía, adaptar las formas de intimidad a lo que el cuerpo permite en cada periodo. La creatividad y la comunicación fluida con la pareja son las herramientas más valiosas. A veces también es necesario ampliar el concepto de sexo más allá de la penetración.
La carga emocional también es significativa: el duelo por el cuerpo que uno tenía, la inseguridad frente a la pareja, el miedo al rechazo. La terapia sexual informada sobre discapacidad y enfermedad crónica puede ayudarte a resignificar tu sexualidad, elaborar el duelo y encontrar formas de placer e intimidad que funcionen para ti en el cuerpo que tienes hoy.
Si tienes dudas, puedes agendar una sesión con Florencia.