La depresión impacta directamente el deseo, la excitación y el placer sexual, y a su vez la dificultad sexual puede profundizar el estado depresivo.
La depresión y la sexualidad se afectan mutuamente en un ciclo que puede ser difícil de interrumpir. La depresión reduce el deseo sexual, dificulta la excitación y el orgasmo, genera sensación de desconexión del propio cuerpo y de las personas queridas, y baja la autoestima de formas que impactan la vida íntima. El aislamiento que suele acompañar la depresión también afecta la intimidad en pareja.
Un factor adicional y frecuentemente subestimado es que los antidepresivos más comunes —los inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) como la fluoxetina o la sertralina— tienen efectos secundarios sexuales importantes: disminución del deseo, dificultad para el orgasmo (especialmente eyaculación retardada en personas con pene) y anorgasmia. Estos efectos son reales y no deben ignorarse.
Es fundamental hablar con el psiquiatra o médico prescriptor si los efecto secundarios sexuales son significativos: a veces un ajuste de dosis, un cambio de molécula o agregar un fármaco complementario puede mejorar el cuadro sexual sin comprometer el tratamiento de la depresión. La terapia sexual puede trabajar en paralelo con el tratamiento psiquiátrico.
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