La relación con el propio cuerpo influye directamente en la capacidad de disfrutar del sexo y de la intimidad con otras personas.
La imagen corporal negativa —la percepción crítica y distorsionada del propio cuerpo— es un obstáculo muy frecuente para el placer sexual. Cuando estás en la cama pensando en cómo se ve tu cuerpo, preocupándote por si tu barriga está de cierta forma o si tu pareja te está comparando con alguien, dejas de estar presente en el cuerpo y en el placer. Esto se llama "monitoreo especular" y reduce significativamente el goce sexual.
La cultura visual contemporánea, las redes sociales y la pornografía presentan cuerpos cada vez más filtrados y homogéneos como estándar de deseo. Muy pocos cuerpos reales se parecen a esas imágenes, y sin embargo muchas personas se juzgan con ese rasero. El impacto en la autoestima sexual es enorme, y afecta a personas de todos los géneros.
La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser efectiva para mejorar la imagen corporal y su impacto en la sexualidad. Trabaja las creencias distorsionadas sobre el cuerpo, reduce la auto-objetificación y ayuda a reconectarse con el cuerpo como fuente de placer —no como objeto a ser evaluado. No necesitas tener el cuerpo "perfecto" para merecer placer.
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