He acompañado a muchas mujeres que llegaron a mi consulta después de años de intentar que la penetración fuera posible, sintiéndose rotas o avergonzadas. Algunas ni siquiera sabían que lo que les pasaba tenía nombre. El vaginismo existe, es más frecuente de lo que se cree y tiene solución.
¿Qué es el vaginismo?
El vaginismo es una contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que rodean la vagina, que ocurre ante cualquier intento de penetración (o a veces incluso ante la anticipación de ella). No es que la vagina sea "demasiado pequeña", ni que haya un problema anatómico estructural. Es el sistema muscular respondiendo como si hubiera una amenaza.
Puede manifestarse como dolor intenso, ardor o simplemente la imposibilidad de que algo ingrese. Puede ocurrir con la penetración sexual, con los tampones, con los exámenes ginecológicos. Y puede aparecer en cualquier momento de la vida, incluso en personas que antes no tenían dificultades.
¿Por qué ocurre?
Las causas son múltiples y a menudo se combinan. Algunas personas tienen vaginismo desde el principio, sin una causa aparente clara. En otros casos está asociado a:
Experiencias de abuso sexual o trauma. Educación sexual restrictiva o mensajes negativos sobre el sexo y el cuerpo femenino. Experiencias anteriores de dolor durante la penetración que generaron una respuesta de protección. Ansiedad generalizada o miedo específico al dolor o a "hacerlo mal".
¿Cómo se trata?
El tratamiento del vaginismo tiene tasas de éxito muy altas. Generalmente combina trabajo con kinesiólogo o fisioterapeuta de suelo pélvico, que trabaja la relajación muscular de forma gradual y con dilatadores progresivos, con trabajo psicológico o sexológico, que aborda las creencias, el miedo anticipatorio y la historia emocional detrás de la respuesta.
El proceso lleva tiempo y requiere paciencia, pero la gran mayoría de las personas que van a tratamiento logran avances significativos. No se trata de "aguantar el dolor" ni de forzar nada: todo lo contrario. El eje central es el placer y la seguridad.
Si tienes pareja, incluirla en el proceso puede ser muy importante. El vaginismo afecta la intimidad de los dos y trabajarlo juntos, con apoyo, fortalece el vínculo.
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