He acompañado a muchos hombres jóvenes —algunos de 20 años— que llegan a mi consulta con mucha angustia porque "no les funcionó" en alguna situación sexual. A veces fue una sola vez, otras veces se ha vuelto un patrón. Y casi siempre hay una mezcla de vergüenza, confusión y miedo a que "algo esté muy mal".
¿Qué tan frecuente es?
Los estudios muestran que las dificultades ocasionales con la erección son extraordinariamente frecuentes y no constituyen una disfunción. Un episodio aislado por cansancio, alcohol, nerviosismo o distracción no es disfunción eréctil. Se habla de disfunción eréctil cuando el problema es persistente y genera malestar.
En hombres mayores de 40-50 años, la causa suele ser mixta o predominantemente vascular. Pero en hombres jóvenes, la causa es principalmente psicológica en la gran mayoría de los casos.
¿Cuáles son las causas psicológicas más frecuentes?
Ansiedad de desempeño. Es la más frecuente. El hombre empieza a monitorear su erección en lugar de conectar con las sensaciones: "¿está suficientemente dura?", "¿va a durar?". Ese monitoreo activo activa el sistema de alerta del cuerpo, que es incompatible con la excitación sexual.
Pornografía de alta estimulación. Algunos estudios sugieren que el uso intensivo de pornografía puede elevar el umbral de estimulación, haciendo que la excitación en situaciones reales parezca menor por comparación.
Estrés y agotamiento. El sistema nervioso necesita cierta calma para permitir la erección. Un período de mucho estrés afecta directamente la respuesta eréctil.
Primera vez o situación nueva. Los nervios ante una situación sexual nueva, especialmente en la primera vez con alguien, son completamente normales y pueden afectar la respuesta física.
¿Cómo abordarlo?
Lo primero es descartar causas físicas con un médico si el problema es persistente. Si el médico confirma que no hay causa vascular, hormonal o neurológica, el trabajo terapéutico tiene muy buen pronóstico.
En terapia, el foco está en reducir la ansiedad de desempeño, aprender a ser un observador participante (no un evaluador) durante el sexo, y muchas veces en ampliar el concepto de sexualidad más allá de la erección y la penetración.
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