En mi consulta veo con mucha frecuencia a parejas que llegaron después de tener un bebé preguntándose si algo estaba roto. "Ya casi no tenemos sexo", "No me dan ganas de nada", "Siento que somos compañeros de crianza, no pareja". Es una de las transiciones más comunes y menos acompañadas de la vida adulta.
Y quiero ser clara: lo que sienten es absolutamente normal. Tener hijos transforma el deseo sexual de formas profundas y múltiples, y no estar al tanto de esos cambios hace que se vivan como una falla personal o de pareja.
Qué le pasa al deseo después del parto
Para quien parió, hay cambios hormonales enormes: la prolactina que produce la lactancia suprime el estrógeno, lo que puede reducir la lubricación y el deseo. El cuerpo acaba de pasar por algo monumental y necesita tiempo para recuperarse. Muchas mujeres también tienen cambios en su imagen corporal, cicatrices, dolor físico, y el agotamiento de la crianza.
Para la otra persona en la pareja, también hay cambios: el rol se transforma, hay menos tiempo para la pareja, la carga mental y física se redistribuye (o no, y eso genera resentimiento), y puede haber una sensación de desplazamiento o de no saber cómo conectar con su pareja en esta nueva etapa.
El agotamiento es el enemigo número uno
He acompañado a muchas personas que me dicen que no es que no quieran sexo; es que necesitan dormir. Y eso es completamente válido. El deseo sexual requiere cierto nivel de bienestar básico. Si estás funcionando con cuatro horas de sueño y una lista infinita de responsabilidades, el sexo va a ser lo último en la lista. No porque no ames a tu pareja, sino porque tu sistema nervioso está en modo supervivencia.
Por eso, a veces la mejor "terapia sexual" para parejas con hijos pequeños es redistribuir la carga doméstica y de crianza de forma más equitativa. Más descanso, más espacio mental, más deseo.
Estrategias prácticas
Separar el tiempo como pareja del tiempo como padres. Aunque sea treinta minutos al día sin hablar de los hijos, sin el bebé al lado. Reconectarse como personas, no solo como co-criadores.
No esperar a tener ganas para tener intimidad. Suena extraño, pero para muchas personas en esta etapa el deseo responsivo funciona mejor: crear las condiciones de intimidad (un baño juntos, un masaje, espacio para conectar) y dejar que el deseo emerja de ahí.
Hablar sin culpa sobre cómo está cada uno. "No tengo energía para sexo esta semana, pero me encantaría que nos abrazáramos más" es una frase que puede salvar muchísima distancia.
Cuándo esto va más allá del cansancio
Si el bajo deseo persiste más de seis meses después del parto, si hay dolor durante las relaciones, si sientes que nada te genera placer en general (no solo el sexo), vale la pena consultar con tu médico y también con un/a terapeuta sexual. A veces hay depresión postparto u otros factores que requieren atención específica.
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